Las grandes ciudades han crecido considerablemente en el último siglo, tanto en tamaño como en población. Del mismo modo el transporte terrestre se desarrolló junto con el crecimiento de las enormes áreas metropolitanas, lo cual ha generado la implementación del transporte colectivo, para trasladar a las personas desde sus hogares hasta los centros industriales o comerciales y turísticos. El transporte terrestre ha evolucionado gracias a las nuevas y modernas tecnologías desarrollándose con mayor velocidad, recorriendo mayores distancias en menos tiempo. Los transportes urbanos más comunes son el ferrocarril metropolitano, los ferrocarriles subterráneos y los autobuses, estos últimos trasladan menor cantidad de personas que los primeros, pero aun así son los más utilizados, por el hecho de no precisar de una estación para detenerse y cuentan con una red mucho más extensa. También surgen consecuencias negativas en el trasporte terrestre, ya que tanto la fabricación como el uso masivo de los vehículos de combustión generan altos niveles de contaminación provocada por los gases y demás sustancias toxicas que liberan en la atmósfera, del mismo modo que se destruyen grandes áreas de bosques y selvas para la construcción de autopistas o ferrocarriles. Además el transporte terrestre tiene la constante necesidad de energía para que los vehículos funcionen, lo cual trae como consecuencia la sobreexplotación y subsiguiente agotamiento de los recursos naturales tales como el petróleo y sus derivados.
Debido a estos desarrollos y problemáticas de seguridad, de consumo de recursos y medio ambiente, los gobiernos de todo el mundo están adoptando nuevas tecnologías y nuevos recursos no contaminantes que sirvan para el libre desarrollo de la actividad de transito y transporte aplicado para la convivencia humana, nuevos códigos de transporte que mejoran la calidad de vida de la comunidad en general.